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Análisis Hecho en Clase

14 - La Ley De Consagración

D&C 42:30-42; 51; 78; 82; 104:11-18; NL p. 25-26




Lea Aquí La Porción de Escrituras
del Libro de Mormón

¡Bienvenidos a la lección de hoy! Como podrán ver hoy tenemos un tema muy especial. Como siempre, el estudio que Ustedes puedan realizar en forma personal sobre este tema es muy importante, dado que en la lección de hoy no podemos abarcar todos los ángulos del mismo. Sin embargo, verán en la sección "Lectura Adicional" que he preparado tres lecturas que serán de mucha utilidad unidas a los materiales y otras fuentes de estudio que tengan a su disposición. Nos basaremos en un momento de la clase de hoy en las enseñanzas de Élder Maxwell. He traducido el capítulo 5 de la obra "Los Cielos Resuenan" de Backman M.V. para que puedan seguir desde un punto de vista histórico el desarrollo de los distintos intentos que se realizaron en la época del Profeta por poner en práctica los principios de la Ley de Consagración. Se ha escrito mucho sobre el tema. Hoy tomaremos un aspecto que me parece describe muy bien la médula de este principio.

Consagración Y Mayordomía:
La Manera Del Señor Para Abastecer
Y Para Edificar Sión


D&C 104

13  Porque conviene que yo, el Señor, haga a todo hombre responsable, como mayordomo de las bendiciones terrenales que he dispuesto y preparado para mis criaturas.
14  Yo, el Señor, extendí los cielos y formé la tierra, hechura de mis propias manos; y todas las cosas que en ellos hay son mías.

  • El Señor Considera
    Conveniente Que Se Asigne La Responsabilidad De Mayordomías Sobre Las Bendiciones Terrenales

  • El Señor Es El Creador Y Dueño De Todas Las Cosas Que Hay Sobre La Tierra


conveniente = que conviene o es útil; ser una cosa buena o útil para alguien o algo
responsable = que responde de cierta cosa; consciente de sus obligaciones y pronto a obrar de acuerdo con ellas
mayordomo = criado principal a cuyo cargo está la administración de una cosa; en una hacienda, encargado de los obreros y de administrar los gastos


D&C 104
15  Y es mi propósito abastecer a mis santos, porque todas las cosas son mías.
16  Pero es preciso que se haga a mi propia manera; y he aquí, ésta es la forma en que yo, el Señor, he decretado abastecer a mis santos, para que los pobres sean exaltados, y los ricos sean humildes.
17  Porque la tierra está llena, y hay suficiente y de sobra; sí, yo preparé todas las cosas, y he concedido a los hijos de los hombres que sean sus propios agentes.

  • El Señor Tiene El Propósito De Abastecer A Sus Santos Con Sus Cosas De La Tierra

  • El Señor Revela La Manera de Hacer Cumplir Su Propósito

  • La Tierra Tiene Suficiente Y De Sobra Para Todos Sus Habitantes

  • El Hombre Es Su Propio Agente Para Poseer Las Bendiciones De La Tierra

  • La Manera Del Señor Establece Lazos De Igualdad Entre Los Hombres
abastecer = proporcionar víveres u otras cosas necesarias, dotar de ello (aprovisionar, proveer, surtir)
es preciso = es necesario o indispensable
18  De manera que, si alguno toma de la abundancia que he creado, y no reparte su porción a los pobres y a los necesitados, conforme a la ley de mi evangelio, en el infierno alzará los ojos con los malvados, estando en tormento.

  • La Ley Del Evangelio Requiere Que Se Reparta Una Porción A Los Pobres Y A Los Necesitados Bajo Pena De Severos Castigos

GUÍA PARA EL ESTUDIO DE LAS ESCRITURAS: CONSAGRAR, LEY DE CONSAGRACIÓN
Dedicar(se), santificar(se), alcanzar la rectitud. La ley de consagración es un principio divino por el cual hombres y mujeres dedican voluntariamente su tiempo, su talento o habilidades y sus bienes materiales al establecimiento y la edificación del reino de Dios.

¿Qué es la ley de consagración? Es una forma organizada en que las personas consagran su tiempo, sus talentos y sus bienes a la Iglesia con el fin de edificar el reino del Señor y prestar servicio a Sus hijos.

Es conveniente estudiar con atención D&C 42: 30-38 donde se halla en forma condensada el mandato de Dios sobre esta Ley. Como complemento para poder tener una visión más amplia desde un punto de vista histórico, les invito a leer el material adicional "Los Cielos Resuenan: Capítulo 5" escrito por Milton V. Backman.

A continuación realizaremos la lectura de Nuestro Legado, páginas 25-26 donde se explica en una forma muy resumida y básica las cosas que hemos presentado hasta ahora.



Nuestro Legado, pp. 25-26
En 1831, el Señor comenzó a revelar algunos aspectos de la ley de consagración, un sistema espiritual y temporal que si se seguía con rectitud, bendeciría la vida de los empobrecidos Santos de los Últimos Días. Bajo esa ley, se pedía a los miembros de la Iglesia que consagraran o titularan todas sus propiedades al obispo de la Iglesia, quien entonces les otorgaba una heredad o mayordomía a los miembros. Las familias administraban su mayordomía de la mejor manera posible; si al terminar el año tenían un sobrante, éste se entregaba al Obispo para usarse en el cuidado de los necesitados. El Señor llamó a Edward Partridge para servir como el primer obispo de la Iglesia.

La ley de consagración se compone de principios y prácticas que fortalecen espiritualmente a los miembros y traen como resultado una relativa igualdad económica, eliminando así la avaricia y la pobreza. Algunos santos la vivieron bien, para beneficio de ellos y los demás, pero otros miembros no lograron elevarse por encima de sus deseos egoístas, lo que ocasionó que con el tiempo se revocara esta ley de la Iglesia. En 1838, el Señor reveló la ley del diezmo (véase D&C 119), la cual continúa en la actualidad como la ley económica de la Iglesia.




Podemos Consagrar Ahora
Nuestra Vida Al Señor


Consideremos ahora aspectos prácticos de la aplicación de la Ley de Consagración en la actualidad. Muchos de Ustedes durante la lección hay pensado y otros han dicho, "Pero, en el Templo hacemos convenio de obedecer esta ley". Así que cabe el momento de hacer alguna meditación sobre esto. ¿Está o no está vigente este ley? Luego de la lectura del material adicional presentado para esta clase, y de considerar el tema con oración, muchos pueden llegar a la conclusión de que hay distintas formas de poner en práctica este principio en la vida personal y familiar.

Como santos de Dios, debemos estar preparados y dispuestos a vivir la ley de consagración en su plenitud. Sin embargo, no debemos aguardar a un día futuro para consagrar nuestra vida al Señor. Al hacer todo lo que esté a nuestro alcance por vivir la ley de consagración en la actualidad, estaremos mejor preparados para vivirla en su plenitud cuando el Señor nos lo pida. De todos modos, debemos estar seguros de que el Señor conoce nuestras fortalezas y nuestras debilidades, y tiene vigente su propósito de abastecer a los Santos y de edificar Sión. Hemos hablado ya en este curso sobre el recogimiento de Israel (ver la Lección #12). Así pues, el curso de acción que el Señor determine para llegar o no a una PLENITUD de esta ley, está en Sus manos. A nosotros nos corresponde pues prepararnos mediante las oportunidades (que son muchas) ofrecidas en Su Iglesia AHORA en el Siglo XXI.

Consideremos ahora el impresionante consejo y enseñanza de uno de los profetas del Señor, el Élder Maxwell.

"Consagrad Vuestra Acción"
Élder Neal A. Maxwell

Del Quórum de los Doce Apóstoles
Liahona Julio 2002, p.39

Estas palabras están dirigidas a los que son imperfectos, pero que, a pesar de ello, se esfuerzan en la familia de la fe. Como siempre, soy yo el primero que debe prestar oídos.

Tendemos a pensar en la consagración únicamente como el ceder nuestras posesiones materiales cuando se nos solicite en forma divina; pero la verdadera consagración consiste en entregarse uno mismo a Dios. Cristo utilizó las palabras inclusivas corazón, alma y mente para describir el primer mandamiento, el cual siempre está vigente de manera constante y no periódica (véase Mateo 22:37). Si éste se observa, nuestras acciones se tornarán, como resultado, en una consagración total para el beneficio perdurable de nuestra alma (véase 2 Nefi 32:9).

2 Nefi 32
9  Mas he aquí, os digo que debéis orar siempre, y no desmayar; que nada debéis hacer ante el Señor, sin que primero oréis al Padre en el nombre de Cristo, para que él os consagre vuestra acción, a fin de que vuestra obra sea para el beneficio de vuestras almas.

Dicha totalidad comprende la convergencia sumisa de sentimientos, pensamientos, palabras y hechos, que es justamente lo opuesto del distanciamiento. "Porque ¿cómo conoce un hombre al amo a quien no ha servido, que es un extraño para él, y se halla lejos de los pensamientos y de las intenciones de su corazón?" (Mosíah 5:13).


Les presento aquí una imagen que pienso puede mostrar con claridad los principios principales de la consagración. Se podría haber diseñado de otra manera. Esto simplemente es una sugerencia englobando de alguna manera los materiales que hemos presentado hasta ahora. El Élder Maxwell nos enseña claramente que el primer gran mandamiento tiene en forma condensada el principio constante de la consagración, porque el resultado de observar este mandamiento es una consagración total. Esto lo he representado con el #1 "Amar A Dios". Tal como se enseña en D&C 104 y 42 podemos ver que este mandamiento se encuentra "balanceado" de alguna manera con el mandato de "Amar Al Prójimo" representado por el #2. Luego les presento como sugerencia los otros dos pilares de la Ley de Consagración. Se trata de #3 Ley de Sacrificio. Veamos primeramente el gráfico y luego analicemos algún otro detalle.



Debemos estar dispuestos a hacer los sacrificios que el Señor requiere de nosotros en este momento. Entre ellos están el sacrificar tiempo, talentos y bienes materiales.

¿Qué podemos hacer para consagrar nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestros bienes para la edificación del reino de Dios en la actualidad?

a. Pagar los diezmos y las ofrendas de ayuno y brindar de otras formas una ayuda generosa a quienes lo necesiten. Al hacerlo, ayudamos a la Iglesia a cuidar de los pobres y a llevar a cabo las actividades importantes y necesarias para edificar el reino de Dios sobre la tierra. El élder Marion G. Romney preguntó:

Élder Marion G. Romney, Conference Report, abril de 1966, pág. 100
¿Qué nos prohíbe dar en ofrendas de ayuno una cantidad equivalente al excedente que hubiéramos tenido
que dar bajo la orden unida? Nada sino nuestras propias limitaciones.

b. Prestar servicio de buena voluntad en la Iglesia. El Señor amonestó a toda persona a aprender “su deber, así como a obrar con toda diligencia en el oficio al cual fuere nombrado” (D. y C. 107:99). Debemos cumplir con los llamamientos que recibimos de la mejor manera posible. Además de los llamamientos específicos que tengamos en la Iglesia, podemos dar a
conocer el Evangelio a los demás, realizar la obra del templo y tratar de fortalecer el testimonio de quienes sean nuevos en la fe o no estén muy firmes en ella.

c. Prestar servicio misional regular. El élder Robert D. Hales, del Quórum de los Doce, enseñó:


Élder Robert D. Hales, "Si Quieres Entrar En La Vida, Guarda Los Mandamientos"
Liahona, julio de 1996, pág. 38
El cumplir una misión enseña a vivir la ley de consagración. Quizás sea la única época en la vida de ustedes en la que puedan darle al Señor todo su tiempo, sus habilidades y recursos; a cambio, el Señor los bendecirá con Su Espíritu, estará cerca de ustedes y los fortalecerá.

El #4 "No Guardarse Una Parte" parece ser una verdadera "sorpresa" como "balance" de la Ley de Sacrificio. Les recomiendo terminar de leer TODO el discurso del Élder Maxwell donde se dan precisamente definiciones sobre lo que implica la frase.

A continuación les presento un detalle de otra explicación que realizó el Élder Maxwell analizando las formas en que podemos retener o quedarnos cortos en nuestra consagración.

a. El no estar dispuestos a someternos totalmente a la voluntad del Señor.

El élder Maxwell dijo: “La sumisión de nuestra voluntad es la única cosa exclusivamente personal que tenemos para colocar sobre el altar de Dios; todo lo demás que le ‘damos’ es, en realidad, lo que Él nos ha dado o prestado a nosotros. Pero cuando nos sometemos dejando que nuestra voluntad sea absorbida en la voluntad de Dios, entonces, verdaderamente le estamos dando algo. ¡Es la sola posesión exclusivamente nuestra que podemos dar!”
(“…Absorbida en la voluntad del Padre”, Liahona, enero de 1996, pág. 27).

b. El no estar dispuestos a renunciar a “las aspiraciones egoístas como la posición económica o social, el tiempo, el reconocimiento y las posesiones” (“…absorbida en la voluntad del Padre”, Liahona, enero de 1996, pág. 26).
c. El permitir que nuestros pasatiempos y nuestras preocupaciones por cosas menos importantes nos absorban demasiado.
d. El brindar servicio cívico digno de encomio, pero mantenerse “relativamente [alejados] de los templos de Jesucristo y de las Santas Escrituras” (“…absorbida en la voluntad del Padre”, Liahona, enero de 1996, pág. 25).
e. El ser consciente de los deberes relacionados con las responsabilidades familiares, pero no emular el ejemplo de Jesús de ser cariñosos y amables con algunos de los miembros de la familia.
f. El establecerse uno primero en lugar de establecer el reino de Dios.
g. El dejar que las demás personas disfruten públicamente de un talento que se tenga, y retener en privado un particular orgullo.
h. El aceptar un llamamiento de la Iglesia, pero tener el corazón más intensamente dedicado a conservar una cierta función en el mundo.

(Véase “Resolved esto en vuestros corazones”, Liahona, enero de 1993, págs. 73–75; y “…absorbida en la voluntad del Padre”, Liahona, enero de 1996, págs. 25–27.)




Presidente Brigham Young, Journal of Discourses, Tomo V, pág. 353
Tengo más miedo a la codicia que haya entre nuestros élderes que a las huestes del infierno …
Todos los enemigos … que tenemos en el mundo, y todo el infierno reunido con ellos contra nosotros,
no podrían hacernos más daño que la codicia que more en el corazón de este pueblo;
ya que eso es idolatría.


Copyright © 2005 por Daniel Plata. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este texto se puede reproducir en forma o medio alguno para lucro comercial sin el previo consentimiento por escrito por parte del autor. Se pueden hacer copias digitales o impresas para distribuir en forma gratuita para uso personal y público sin uso comercial.